miércoles, marzo 12

tiempo



 Cuando la música abría mi mente, las imágenes se ajustaban
podía olvidarlo todo y ser algo honesto, limpio aunque fuera solo un momento
mientras los sonidos del saxofón sacudían el lugar, 
no existía más nada que energía golpeando por todo mi cuerpo.
Cuando hacía música podía tener una imagen, un indicio de quien soy, 
que ésta carne y éstos pensamientos tenían un propósito. 

Es distinto cuando no soportas el silencio que te enfrenta 
a una respiración que no es la tuya, que vuelve la voluntad un coagulo
que retiene el flujo de lo cotidiano, tampoco la piel es tuya ya,
hasta la lluvia duele en el cráneo y la espalda, no logras reconocer
la diferencia en los ojos del que te busca, intentando descifrar tus silencios
y el sudor que cae ante tus ojos inyectados.
Los labios están vedados para mí, la sola presencia de alguien acercándose
me trae sacudidas, mientras más afecto trasmiten más duelen las  entrañas.

Por momentos despierto ahogado en mis líquidos, como si con el sudor
se me saliera aquel veneno blanquecino que ha sido clavado, 
las imágenes me llegan a ratos en los momentos menos fortuitos,
una charla, los trayectos, una llamada, un sonido, una voz o el silencio
de la noche lo traen de regreso como si ocurriera ahora.
Hilos de sangre sudor y llanto, no parece real, hasta que pasa el tiempo, 
más se aleja y mi memoria lo trae de vuelta con más brillo y dolor,
dolor más profundo por la confusión, no los hechos esos están, 
también esta lo que genera en mi, la transformación no se ha hecho esperar, 
sangre sudor y llanto mío o acaso de él, dime si sientes lo que yo sentí
aquella noche en un callejón rodeado de mierda y vagabundos, 
tus gritos indican que lo sientes, pero el tiempo lo mostrará,
entonces sabrás que eres un pasajero abordo, 
en este lugar donde no hay música que te pueda tocar. 

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