jueves, enero 19

Musaraña



Quisiera no tener este ardor en las entrañas cuando hablas con soltura de tu gusto por alguien de piel negra, no debería inportar, las fantasías son parte del deshaogo humano, la imaginación y sus posibilidades nos da libertades que trascienden lo físico lo posible donde no existen límites. Visualizar la libertad de alguien más es desoladora porque es probable que en las libertades de la imaginación de otros no exista yo; ¿porqué habría de pensarme alguien que me mira en el mundo tangible?, si puede experimentar lo que no ha vivido en sus mundos srreales. Duele por mi egoísmo saber que te agrada gente con otra apariencia alejada de la que yo tengo me invade de rabia, no sé ocultar el dolor que me invade y me vuelvo grosero hacia ti, hacia tu debilidad por la gente obscura de piel que te parecen no feos, te juzgo me invade la arrogancia de menospreciar tu confesión compartida me observo monstruoso obscuro por dentro porque me duele lo que mi propia imaginación me muestra una relación nula entre tu fantasía y lo que vivimos de este lado, me pongo la trampa y caigo de nuevo en ella, la intriga de la suspicacia me corta el gusto cambiándolo por angustia y pesadumbre por la duda.

Me alejo un paso más de ti en esta danza de lo cotidiano verdugo de mi inseguridad pienso en que puedo decir para no hundirme más grietas internas viejas persistentes, han comenzado en otro tiempo pero aún me alcanza la inseguridad de un pasado borroso de sentido logrando mantener de formas eficaces una permanencia emocional casi inalterable. Silencios y molestias son el rescoldo de la conversación y ya revolcado en mis propias frases de rabia hago esfuerzos por frenar y resolver cuando el silencio está ahora de tu lado, así se arruina un momento tus intentos por reducir el efecto frustrante no lo acepte a tiempo y me mantuve obstinado en mi molestia. Tener una imaginación activa e inquieta puede complicar el plano real ahora me encuentro realmente fastiadiado conmigo mismo cuando ya no sé qué decirte. La cercanía que tuvimos hoy me ha dejado vulnerable, lleno de complejos me descubro incómodo y frustrado la rabía se ha vuelto dolor que no encuentra formas sólidas de manifiesto mas que las palabras fijadas en tinta, necesito hacer algo al respecto así no puedo andar más tiempo, sensación y pensamiento son ingredientes de una misma receta amargo ha sido y necesito descubrir la parte podrida para dejar de amargar el postre en el gran banquete.

jueves, febrero 12

1915


 

Unos instantes antes del mediodía, Enero de 1915, entre las secuencias de ejercicios llega a mi mente cien años, qué manera más definida de abarcar el tiempo, todos los que andamos por las calles y los campos no existíamos hace cien años, todos aquellos que estuvieron entonces no viven más, ninguno de nosotros ha de vivir ese tiempo, algunos podrán ver el cambio de siglo, y serán afortunados o no tanto según como esté la situación; estamos en este mundo un fragmento estrecho de tiempo, la tierra a visto pasar civilizaciones y especies de animales que no imaginamos; es absurdo ser impaciente ante una carta que se atrasa un par de días o que alguien llegue tarde a una reunión o escuchar lo que alguien tiene qué decir. Es poco tiempo el que estaré vivo y pierdo el tiempo al querer hacerlo todo con prisa: limpio el corral, alimento a los animales para después, mientras hago ejercicio poner a calentar la avena y los leños para tener agua caliente para la ducha, cosas de todos los días que me apresuro a hacer o las dejo haciendo mientras me ocupo de otras cosas y terminar pronto, ir al colegio a cumplir con lo que me exigen escuchando ideas de otros y regresar a hacer lo único que me da satisfacción; pescar mientras dibujo, ansío ese momento en que tenga libertad de no hacer algún deber y tomar el sedal, la bolsa y salir corriendo antes de que se les ocurra otra tarea, el tiempo pasa muy rápido entonces, estamos los peces, la hoja limpia y yo; todo puede ocurrir, cuando me relajo surgen las imágenes y sé qué es lo que voy a dibujar, cuando algo ocurre que no me permite estar tranquilo no puedo y se queda la hoja ajena a mis visiones, incluso los peces parecen saber que algo no anda bien porque no pica ninguno. Antes los liberaba al atraparlos pero desde los años revoltosos no había paga en ningún lado y por primera vez desde qué me cuentan, la gente salía a conseguir lo que comerían por ese día, ya no se juntaban los mercados ya que nadie tenía para comprar, los que se quedaron cambiaban cualquier cosa por comida, se necesitaba algo más que voluntad para conseguir algo de comer; ya entonces tenía el hábito bien clavado de la pesca, se me exigió llevar el resultado de mi pesca, se volvió un trabajo más, no podía volver sin al menos un pez por persona; las cosas iban muy mal, hubo muertos, gente que conocía se iba a pelear, muchos no regresaron, el pánico se hizo cotidiano con las incursiones de los revolucionarios que llegaban a abastecerse sin preguntar tomaban lo necesario, por la causa. 
Comencé a dibujar después de ver a un mago que venía con un pequeño circo que paso por el pueblo, la imagen de la hazaña por salir ileso de las llamas y salir con vida de una trampa bajo el agua, se quedó clavada en mi mente por días, sentí la necesidad de hacer algo con eso, tome unas hojas marrón que usan en casa para las cartas y con carbón trace lo que tenía en mi cabeza, no se parecía en absoluto a mi recuerdo del hombre atravesando las llamas, entonces lo seguí intentando cada vez que tenía un rato libre que ocurría cuando pescaba; mientras cumpliera con mi cuota de peces me dejaban un poco en paz, quizá era que no tenían cabeza para fijarse en lo que hacía, es algo que prevaleció aún después de terminar la revolución. Se dijeron muchas cosas sobre la repartición de las tierras para cultivo y nadie estaba conforme, todo era más confuso. Sigo llevando a casa lo que pesco, aunque ahora nadie espere que lo haga; ya lo que plasmo en los papeles es muy similar a lo que miro o veo en mi cabeza; no entiendo para que debo ir a las clases de religión y aprender un oficio, lo único que anhelo es estar en el lago dibujando, me han enseñado a obedecer y nunca he comentado nada de lo que pienso, la única vez que mencioné si no fuera al colegio qué pasaría, me llevé una madriza para que aprendiera a no hacer preguntas idiotas, ya no pregunto pero aún lo pienso.

Mientras está el sedal moviéndose al ritmo del lago, me llega esta imagen sobre cien años, he estado haciendo lo mismo desde que recuerdo, las tareas han aumentado con el tiempo, todo es trabajo, si no nadie lo hará me dicen, si no quieres ser un animal vas a trabajar; ya no me canso de hacer mantequilla o limpiar los corrales, alimentar animales u ordeñar a hembras cargadas de leche, son cosas que están ahí, lo han hecho otros antes de mí y quizá lo seguirán haciendo cuando no esté, me da el presentimiento de que hay algo más que sobrevivir, me han enseñado a sobrevivir, no sé qué haré con lo que tengo dentro, quizá muera a golpes por sentir lo que siento, pero no hay golpes que frenen esta sensación he intentado dibujarlo, no entiendo nada de lo que sale, formas sin sentido, cómo plasmar algo que no he visto antes, mirar lo que no existe, en ocasiones no dibujo nada y la rabia se apodera de mí; desde que ando con esa sensación me molestar hacer lo que siempre he hecho incluso pescar no me satisface. El silencio ha sido mi confidente, no respondo a lo que me ordenan supongo lo toman como un signo de conformidad. 


Alguien del colegio habla sobre la fundidora que abrió hace meses a treinta minutos en ferrocarril, es la primera vez que algo más ocupa mi mente que no sea furia, escuché con atención, que siempre piden gente para trabajar, las máquinas que usan tienen la fuerza de cien hombres y se ahorran la mitad de trabajadores, no entiendo lo que dice pero me da mucha curiosidad y no soy el único se ha formado un grupo cerrado que escucha con atención cada palabra y después un tornado de preguntas. Desde la llegada del ferrocarril hubo muchos cambios, cuando nací ya estaba la estación del ferrocarril; esa sería mi forma de ir a conocer aquello que no me deja dibujar, maquinas que trabajan sin descanso, así como una locomotora pero haciendo otras cosas, trabajando como yo, haciendo lo mismo por horas, aquella imagen me crispó la piel, comencé a ir a la estación del ferrocarril, el viaje al pueblo donde está la fundidora vale ochenta centavos, no había forma de que tuviera tal cantidad, nunca había tenido en mis manos ninguna cantidad de dinero; pensé en ir a vender los peces al mercado, pero no iban a permitir que aquello pasara, para qué iba a necesitar yo dinero me dijeron cuando se dieron cuenta de mis planes y aumentaron las tareas sin posibilidad para ir a pescar, no hay lugar para ociosos en esta casa fueron sus palabras cuando comenzarán a vigilar que regresara a casa después del colegio y no saliera más.

Ochenta centavos, era el precio por estar en otro lugar, el precio de la incertidumbre por ser y estar lejos de lo que había conocido, y aquello me pareció fascinante, faltaban dos años para terminar las clases del colegio y ya habían decidido enviarme con unos parientes que he visto tres veces, de las que sé lo suficiente para tener claro que no quiero estar en esa situación, no estaba dispuesto a esperar, cien años es poco tiempo para esperar y ochenta centavos mucho para conseguir algo más que supervivencia; ya tenía planeada la fuga, debería ser en el momento en que esté en clases ya que bajan la guardia, no sabía cómo saldría aquello, tuve tiempo para recorrer las vías del ferrocarril, sino podría saltar al tren tendría que caminar, no supe cuánto tiempo haría pero sería poco a comparación de cien años; es el momento, salto una barda sin saber que encontraré del otro lado, corro con todas mis fuerzas y me oculto de todas las miradas no debe reconocerme nadie, se ve difícil subir al tren, no va tan lento como parece, corro con todo lo que tengo cualquier cosa será mejor, mis pies se doblan cuando estoy agarrado con una mano, el dolor me invade, no hay tiempo, jalo con todas mis fuerzas en un grito que se ahoga en el silbato del tren.


He comenzado a dibujar de nuevo, no he encontrado un lugar para volver a pescar, el dolor a veces regresa cuando llueve o hace frío, aquella ocasión desperté en los matorrales, luego voces y me llevaron a cuestas, el dolor hizo que todo se nublara de nuevo, el pie que alguna vez estuvo en su lugar y me ayudó a salir del lugar donde crecí, ahora lo normal es que tenga solo un pie. Comencé a usar lo que aprendí de carpintería para tener comida y dónde dormir; no me han aceptado en la fundidora, aunque la impresión que aquellas máquinas han dejado en mi mente ha sido tan grande que me regresaron las ganas de dibujar; fui acogido por unos carpinteros que fueron pacientes con mi nueva condición. No pude conservar mis dibujos anteriores, me he conseguido material para volver a dibujar, me muevo con destreza con las muletas, no imaginaba cómo sería estar en otro lugar no imaginaba lo que sería vivir, y sin todo aquello que se pierde en el camino  y no se recupera, lo que fue, y no ha de volver, no anhelo ya nada, lo que hago lo hago con calma; se habla de otros lugares lejanos que conoceré, ya tengo más de ochenta centavos guardados, se acerca el momento en que vaya a esos lugares y siga dando forma a lo que está dentro, y tener más motivos para dibujar. Estos hombres y sus familias buscan persuadirme, han visto en mis ojos la calma del que acepta su destino y no han insistido más, me dan comida para el viaje y una palmada en la cara, una mano en la cara sin ser un golpe, es algo nuevo, soy algo nuevo, incompleto y más completo a cada decisión; un primer viaje en tren, me he estremecido al volver a ver la máquina de hierro que exhala humo.

viernes, noviembre 28

vuelta



Pasamos por esta vida cubriendo los espacios sin llenar, cosas que no nos explican de las que no se habla, por costumbre temor o ignorancia; se omite tanto y nos permiten pasar la juventud con casi absoluta calma como si el mundo y la vida fueran sencillas y se fuera a resolver cualquier conflicto por si mismo. En algún punto nos daremos cuenta que no esta más alejado de ser sencillo el hecho de vivir, que cada mente es única y que con eso nos enfrentamos a universos distintos al nuestro; nos esforzamos por aprender medidas para poder estar con la calma necesaria y se descubre que lo que aprendimos no basta, no aplica en todos los casos ni en todas las situaciones, lo que nos pudo funcionar por años ya no surte efecto; caemos en una confianza que ahora es absurda, pensar que todo se puede resolver dialogando, al final es eso un pensamiento, una idea de lo que queremos, más no por eso así será. Pase tiempo de mi vida encontrando una forma de ordenar lo que ocurria en mi interior, por etapas de silencio que dolía porque no tenía forma de expresar lo que estaba ocurriendo; descubrí a través de la escritura la libertad de la palabra, el poder que genera en mi es mayor que cualquier acontecimiento que ocurra, entonces ocurrió un cambio dentro tan fuerte que ya no sentí más necesidad de guardar silencio, volver mis pensamientos en palabras escritas o habladas se convirtió en mi nueva forma de aclararme de expresarme y poder resolver toda diferencia, me daba claridad y dominio de las emociones; entonces abamdone la escritura, solo recurría a ella para vaciar mis emociones y no sentirme abrumado, se volvío una valvula de escape, podía pasar meses sin escribir. No pude haber cometido error más grande, he vivido las consecuencias de esa decisión; la arrogancia se apodero de mi y me creí capaz de enfrentar cualquier situación, años de perfeccionar el dialogo me daban esa confianza, había encontrado la forma de que la cominicación diera sentido a lo que ocurria; en este momento regreso a la escritura que me recibe calma y sin reproche, regreso a escribir ya que descubro que hablar no siempre funciona, no es tan sencillo llegar a otro y que lleguen a ti, y no se puede pedir que así sea; me encontré en la situación del silencio me quedé callado después de años de que la palabra fuera el recurso confiable, después de haberlo intentado esta vez no fue suficiente, y me ví a mi mismo impaciente y testarudo abrazando la forma que conocía como si fuera el único camino. Otro motivo para recurrir al silencio es no ser comprendido al hablar, incluso al escribir, es tremenda la sensación de no provocar una reacción en el otro que nos lleve a la retroalimentación, y en vez de eso miradas confusas y frases sueltas de negación, cuando no  encuentras forma más franca de decirlo, entonces estás desarmado, no hay más que decir ante tal efecto que provoca el silencio.

Escribo para dar claridad y calma a mi ser; es tan egoista  es como ha sido, regreso a ese silencio que genera las condiciones para escribir, se escribe porque se quiere decir algo; que otro sentido puede tener, y no puede escribir alguien que lo dice todo, por eso es que no podia estar frente a la hoja en blanco, no me quedaba ya nada para escribir; me inquieta un poco cómo se presentará ahora mi relación con los demás, esos silencios a los que ya no estaba acostumbrado, no sabré que responder cuando descubran que algo ocurre, esa tendencia que tengo a ser franco me presede, no se cómo será no decir lo que siento y pienso mi última experiencia al respecto no ha sido alentadora, siento algo de tristeza al saber que no diré ya más lo que ocurre; quizá lo cubra con otros temas, quizá con el tiempo se acostumbren ellos y yo también  quizá sea bueno, quizá mejore todo, es la finalidad de cambiar y crecer, adaptarse y superar adversidades para seguir. Acá estoy de vuelta escribiendo y algo dentro de mi me dice que será por un largo periodo quizá esta vez lo deje cuando ya no tenga aliento y el mundo deje de existir junto con mi vida, en pocas semanas se ha acumulado bástante y he escrito varios borradores, veamos a donde se dirige esta etapa de la aventura que es estar vivo.

domingo, noviembre 23

2333



Dí un número al azar; asigna un valor a ese número, introdúcelo en la vida de un individuo, el mismo que esta dentro de una sociedad, aquel número y otros mas cruzan por las vidas son asumidos como valores; se vuelven promedios, calificaciones, cantidades, tiempo; todo se mide y es catalogado, se existe y se hace en función a los números aquellos que te representan, el promedio de la universidad, la cantidad de dinero que generas, los años que llevas en el mundo, el tiempo que llevas de experiencia haciendo algo, mientras más números acumules más valor tienes y se te tomará en serio; como si tuvieramos que ganarnos el derecho de estar vivos y que nos dejen vivir de la manera que más nos acomode. Pasamos la vida encontrando un espacio y una actividad afin a nuestra naturaleza; cuando lo que en verdad ocurre es que nacemos naturales y se encargan de quitarnos esa simplicidad, se le llama educación, hasta que llega un punto de conciencia en que no nos sentimos parte de todo aquello que nos han dicho, lo que debemos ser; entonces ocurre en la vida de todo indivuduo que inicia una busqueda interna que lo lleve de vuelta a aquel inicio natural que ha dejado sus huellas; comenzamos a estar en revelión con lo establecido, primero los padres, la escuela, la sociedad; pero, qué otra opción puede existir, es un temor inmenso el que provoca mirar a otro lado; muchos terminan asimilando el lugar que les corresponde y se consuelan con los placeres simples que esa vida ofrece. Lo valioso requiere de valor, la vida es valiosa, el amor lo es, la libertad lo es, en efecto se debe ganar el derecho de pasar por cada uno de esos elementos valiosos que nos hacen humanos, más sólo lo ganaremos de la forma natural como sabemos, la única batalla a librar es con nuestro interior, al ordenarse nada nos hara cambiar el rumbo, sin discursos, sin convencer a nadie, ya que lo natural se reconoce, basta mirar de forma honesta y abierta para reconocerlo. Nacemos individuales y nos fortalecemos con los acontecimientos que ocurren en nuestras historias de vida, nos forma la gente con quien compartimos, nuestra base individual esta siempre presente nos da los elementos para poder apreciar lo que ocurre en el entorno, de alguna manera estamos hechos para que nuestra conciencia se desarrolle conforme vivimos, la conciencia es nuestro objetivo de vida, ser y estar para aprender desarrollar y compartir, cada una de nuestras funciones ha sido diseñada para cumplir con esas tareas que comienzan con la conciencia. Toda duda cambia y se vuelve certeza cuando reflexionamos, cuando nuestra mente trabaja de forma generosa y sin temores a los riesgos, en el camino tenemos cada día la posibilidad de decidir lo correcto, no por moral, más por lógica, cuando dejamos de complicarnos comienza a cobrar un sentido renovado la dirección que tomamos; hay algo más importante que la seguridad, y es aquello que más nos enriquece, vida, amor, libertad; todo aquello que nos distraiga del desarrollo de una conciencia que proteja esos tres principios, ha de ser contrario a nosotros, la naturaleza núnca será contraria a nuestro ser. Todo aquello que ocurre en la vida de un indivuduo le lleva a tener experiencia que al reflexionar se convierte en conciencia que nos acerca a una comprención del ser que somos y de aquello que es humano; así el trabajo que debemos realizar es individual al momento de la reflexión, más núnca lo será el de vivir, la vida es compartida y lo que genera nuestra conciencia también ha de ser compartido; la humanidad se transforma con el trabajo, no sólo visto como esfuerzo, sino con la dedicación y la claridad de lo natural, ser natural es también ser responsable de las decisiones que tomamos y sus consecuencias y de la reflexión que hagamos de cada evento que nos ocurra. Los números y los valores que se le ha otorgado a la vida "moderna" debe ser tomados como una experiencia más que tras un trabjajo continuo de reflexión podremos decidir la forma como nos relacionamos con esa realidad y tomar el control individual que nos corresponde y la forma de compartir la conciencia que nos sustenta.

domingo, agosto 17

silencios





Se escribe porque hay un impulso que nos lleva a decir lo que ocurre, lo que hemos percibido, después de un tiempo de mezclarse en el interior es tiempo de mostrar el resultado, los pensamientos y las imagenes andan en la mente cambiando, mostrandose ante nosotros, nos hace hablar solos o poner bocetos en papel de lo que nos esta ocurriendo; siendo testigos de tanta realidad, nos revuelca hasta caer en excesos, dormir de más o dejar de lado el sueño por días, hablar en un tornado de frases que surgen de imagenes de la mente que nadie termina de mirar o sumidos en un silencio que no es capaz de romper la pregunta más insistente, sólo la caricia franca es capaz de sacarnos de ese sopor en el que andamos en los espacios físicos de la vida, una mirada de frente, un beso suave son obsequios que rompen con esa frenética turbación que es el pensamiento del que escribe. Si hablo demasiado sella mis labios con tu calor, y si el silencio esta presente rompelo con tus labios que saben como tocarme, seré distraido de tradiciones, aunque a tus tributos no hay forma que escape, si me tocas te miro para tocarte de nuevo, sos el único material que estimula al tiempo que calma, me das motivos para escribir aunque es distinto, contigo sonrío desde antes de comenzar.

domingo, mayo 11

continuo



Comprendí que pedirte que duermas es un acto contra la vida, dormirás cuando pase, haz lo necesario lo que te mueva, las ansias, el hambre o las tristezas hazlo a deshoras, sin reglas, ya basta de ser egoistas, como si una idea de tu calma trajera la mía, hazlo todo sin dormir si así te place, ya no más frases transmitidas, como si el amor se pareciera en algo al egoismo; al final y sin rodeos, ese sí es vicio

certeza



A veces pienso en ellos, sabía que no volvería a verlos, pero vivirlo es distinto a saberlo.

miércoles, marzo 12

tiempo



 Cuando la música abría mi mente, las imágenes se ajustaban
podía olvidarlo todo y ser algo honesto, limpio aunque fuera solo un momento
mientras los sonidos del saxofón sacudían el lugar, 
no existía más nada que energía golpeando por todo mi cuerpo.
Cuando hacía música podía tener una imagen, un indicio de quien soy, 
que ésta carne y éstos pensamientos tenían un propósito. 

Es distinto cuando no soportas el silencio que te enfrenta 
a una respiración que no es la tuya, que vuelve la voluntad un coagulo
que retiene el flujo de lo cotidiano, tampoco la piel es tuya ya,
hasta la lluvia duele en el cráneo y la espalda, no logras reconocer
la diferencia en los ojos del que te busca, intentando descifrar tus silencios
y el sudor que cae ante tus ojos inyectados.
Los labios están vedados para mí, la sola presencia de alguien acercándose
me trae sacudidas, mientras más afecto trasmiten más duelen las  entrañas.

Por momentos despierto ahogado en mis líquidos, como si con el sudor
se me saliera aquel veneno blanquecino que ha sido clavado, 
las imágenes me llegan a ratos en los momentos menos fortuitos,
una charla, los trayectos, una llamada, un sonido, una voz o el silencio
de la noche lo traen de regreso como si ocurriera ahora.
Hilos de sangre sudor y llanto, no parece real, hasta que pasa el tiempo, 
más se aleja y mi memoria lo trae de vuelta con más brillo y dolor,
dolor más profundo por la confusión, no los hechos esos están, 
también esta lo que genera en mi, la transformación no se ha hecho esperar, 
sangre sudor y llanto mío o acaso de él, dime si sientes lo que yo sentí
aquella noche en un callejón rodeado de mierda y vagabundos, 
tus gritos indican que lo sientes, pero el tiempo lo mostrará,
entonces sabrás que eres un pasajero abordo, 
en este lugar donde no hay música que te pueda tocar. 

miércoles, febrero 12

huracanes



En este instante existe todo
las melodías que se colocan en la memoria, 
las noches de luces gratuitas, frases leídas, 
imágenes que seducen, conversaciones que significan cambio, decisiones tomadas, trayectos tránsitos,
 momentos taciturnos, fragmentos vividos, 
soledades y risas cómplices, caricias compartidas, 
aromas envolventes, una voz que te nombra,
un aliento que se contiene para luego estallar,
una piel que te reconoce, el hogar en otro cuerpo, 
el continente descubierto, conquistado, 
que se desarrolla y nos confronta, 
tus labios en mis secretos, mis manos en tus fronteras.

En este momento existe todo,
 mirar tu cuerpo que me ha mostrado la fuerza
de violentos huracanes, ahora reposando a mi lado con la frescura 
de lo espontáneo, de lo verdadero, es entonces que existo. 

jueves, enero 16

delirio


Eres un marsupial de arcilla
una montaña en el amanecer
el profundo océano
donde la luz no llega
eres lo insondable de una voz,
la fuerza del silencio

eres mis noches insomnes
y las palabras que aún no escribo
aún no despiertas y me quieres,
eres las tardes que llegan de oriente
de esas que devoran los días,
seres como tu no pasan frío
tienes tanto que no te alcanza,
mira como me sacas tinta
me vuelvo un veedor un lunático
y no me avergüenza tanto delirio.

sutileza

ilustración: Sally Cutting
°°°
Parece que un nombre no dice nada,
una palabra al aire es sólo un sonido
un grupo de manchas
visibles para el despistado,
un nombre no es más que sombra
cuando se encuentra vacío, solo;
la cosa cambia cuando hay alguien
detrás sosteniendo sus partes,
porque alguien sin nombre
también se queda fuera
de todo mundo tangible.
si no tengo nombre me pondrás uno
entonces andaremos juntos
con respuestas y sonidos.
Si no tengo nombre me acerco en silencio
y tal vez no me notes.

°°°

compensación





La tarde perfila ser calurosa, los insectos asechan; después de un desayuno en casa de sus padres Rene regresa a casa. Parece tan lejano aquel tiempo en casa de la abuela, donde parecía mi familia enorme con las promesas que hacia con mi hermana sobre conocer el mundo y jamas convertirnos en adultos. No puedo evitar aquel sentimiento de nostalgia al andar por aquellas viejas calles que nos vieron crecer.


Ahora me siento tan ajeno de todo a ratos quisiera tener siete años de nuevo, atrapar saltamontes, corretear palomas en la plaza, escuchar historial del abuelo y volar papalotes, subir la colina y ver como el sol se oculta; escapar de los remedios caseros que mamá usaba en mis heridas.

Extraño tener motivos para bañarme de noche, de decir que fue un gran día sí mis rodillas eran verdes, llevar al perro a mi cama y darle dulces para dormir mejor.
Tengo tantos recuerdos, cada uno tomando el lugar de una perdida, es por eso que llevo tantos en la memoria, he perdido tanto de mi vida que ya no soy más yo.
Una sensación de sueño invade su mirada, pocas personas han permanecido en su vida, no aprendió a convivir; ante una amenaza buscaba el refugio en la lente de su cámara, compañera silenciosa, siempre atenta a lo que ocurre a su alrededor; silencio quebrado sólo por el sonido del obturador al momento de disparar, delatando la presencia del fotógrafo escurridizo, sólo así podía decidirse a tomar una fotografía -cuando nadie me ve soy invisible, y aún cerrando los ojos podía creer que no existía- jamás tomó una foto de cerca para ser notado.

A través del lente podía ver el mundo sin ser afectado por el mismo, podía admirarlo incluso tocarlo, tal vez olerlo sin formar parte de él; se convenció que no sería lastimado por aquel enorme mundo que lo rodeaba, decidió convertirse en la sombra de su vida.
A pesar de su actitud distante e individual, Rene no era agresivo; habla lo necesario, da respuestas cortas y no le agradan los parloteos, mira siempre a los ojos como en busca de algo perdido, y aunque casi nunca sonríe su rostro se mantiene apacible, a ratos ausente.

Jamás usa el teléfono, prefiere el trato directo, no confía en la gente de traje y le gusta la trova, no visita bares y se pierde en los bosques, no toma siestas y se olvida del mundo después de las seis. En dos ocasiones a buscado el puesto de portero, no por la paga, es poco lo que se ofrece, lo hace para poder introducirse en la vida de aquellos pasos que suenan a través de su puerta, recorren la escalera a distintos ritmos; pueden distinguirse los jóvenes y fugaces de los cansados y pausados. No es el morbo lo que ínsita a Rene a saber algo sobre esos personajes que rodean su habitación y comparten su escalera. Quiere ser portero porque sabe que en algún momento tocará cada una de esas puertas y con la correspondencia de excusa y su cámara de apoyo en la mano podrá observar y sentir aquel espacio ajeno y paralelo.
Y como sombra de vida que se desvanece sobre el corredor, se habrá acercado lo suficiente para olerte, se alejará en silencio; cuando escuches un chasquido y aquel hombre ya no esté en el portón, sabrás que el portero estuvo en tu tu casa y se a llevado una imagen de tu vida.




pandora





I

Canciones tristes hay muchas salen de cualquier esquina de toda soledad de recuerdos o ensoñaciones, como si necesitáramos sentirnos mal por algo no importa que sea un recuerdo polvoriento, una decisión ajena la tristeza esta a la mano empaquetada y lista para consumirse, un arsenal de melodías que tienen lo necesario para introducirse en nuestra piel y abrirse paso por la experiencia, esquivan nuestra conciencia y depositan sus ardorosos mensajes en nuestra mente.
No cabe duda del poder que conforma a la música es tan sutil y por eso poderosa, similar a la humedad que avanza despacio así se filtran aquellas canciones en nuestro sistema; me pregunto que cantidad de pensamientos son míos y no agregados de un mensaje adoptado, es cosa natural que nos guste el éxito del momento ese que tocan todas las emisoras, porque aunque nos mostremos indiferentes a los ritmos el oído no sabe de negativas y deja entrar todo sonido sin dan tregua al receptor de mensajes.
Hay una opción para todos los que se interesen de mantener estable su capacidad de decidir; desarrollar el hábito de la meditación.
El sonido de la puerta al cerrarse saca a Pandora de su rescoldo de ideas, no sabe cuanto tiempo ha pasado, es la última en la galería, es usual que se quede sola con las imágenes que se forman en su mente. Un viaje que no avisa, es la forma como lo describe cuando alguien la interrumpe invadido por la curiosidad, se preguntan sobre lo que piensa, son pocos cada vez menos pero aún los hay; Pandora no habla mucho sabe que hay elementos que no ha dicho porque no están claros que no tienen forma sin embargo existen y cambian y crecen así es la naturaleza humana aunque no lo sé del todo, suelo hablar de lo que conozco que a estas alturas será poco o mucho quien lo cuenta.
Pandora viene del mundo donde no hay llanto liberador deja retoños de Ceiba a cada paso se ha vuelto cómplice del mundo lo observa cambia con él es parte de cada estrategia, los parajes áridos de una infancia cautelosa y marcada de complicidad natural. El tío Sebastián es un hombre determinante que gusta de predecir el temporal con grasa de cabra conservada en vinagre, esos frascos marrones fueron los primeros acercamientos que tuvo Pandora con la imaginación, el estante ubicado en la parte oriente del remolque para captar con precisión las variaciones de la humedad en la tundra, no es claro el origen de la predicción meteorológica con grasa, ya que esos frascos estuvieron desde el abuelo de Sebastián y es posible que antes, nadie se había desecho de ellos por apatía que era otro elemento presente en aquella zona donde el sol y el viento eran testigos imparables.

II

Aunque la chica no disfrutó de conversaciones de valor con los compañeros de esa época bien supo sacar provecho de la calma y el sopor, al ser taciturna nadie le cuestionaba nada, observaba con cuidado cada situación y logro dominar el arte de la contemplación, logrando un desapego admirable por todo elemento que no fuera básico incluso dejo de comer sin problema cuando cortaron el suministro de apoyos que enviaba la Organización Mundial del Desamparo, conseguía agua de un pozo natural que se formó a 36 kilómetros al Sur del Monte Azul, no lo compartió con nadie hasta el día en que partió a una ciudad que escucho en una radio de onda corta. Tomó aquella decisión con soltura y sin comentarlo ya que no hacia falta nada más que desear algo para hacerlo; le dio una frazada a su madre que hizo durante dos años con retazos que el viento árido llevaba en camino al olvido. Miró por encima del hombro al tío Sebastián meciéndose en el umbral mirando siempre al oriente; camino dos días hasta llegar a la estación del Cautelar, esperó en la estación alrededor de 5 horas escuchando los anuncios de los trenes que llegaban, ciertamente no despertaba ninguna curiosidad a pesar de no llevar una pinta nueva su actitud controlada le hacia pasar desapercibida incluso le daba un aire sofisticado, los rasgos equilibrados de su rostro que sin duda fueron otorgados del lado de su madre con quien mantenía un parentesco sutil y constante. Caminó hasta el fin de la estación y continuó hasta llegar a las vías solo los durmientes fueron testigo del paso fugaz que dio aquella chica menuda al momento que dejo atrás el firme suelo que la vio crecer, aquel paisaje se convertía a cada paso igual que el espíritu liso de Pandora.
Encontró un espacio fresco en la zona de equipaje, no sabía cuanto tiempo pasaría hasta llegar al condado de Molinar, no es que supiera de las regiones ya que no había salido nunca de Cartaza, pero aquel sonido suave de la radio había traído el complemento que necesitaba la imaginación de Pandora para estructurar sus inquietudes que se expandieron y no cabían mas en su torso y sus manos; fue así como a lo largo de 16 años escucho cada día despejado con aparente indiferencia, noticieros, programas de deportes, radionovelas, conciertos y un sinfín de palabras que de otra forma no habría conocido, en ocasiones no entendía lo que escuchaba pero eso estimulaba mas su curiosidad expandida.

III

El sueño es el único alimento que satisface en estos momentos a Pandora, el hambre no es problema ya que la cubre con un saco de avena y naranjas, se asoma por una ventila que hay en el techo y descubre que la oscuridad envuelve al mundo y han pasado varios días ya que el ambiente a cambiado hay árboles y el frescor le ha estampado la cara, aquel frío se le presenta como un estigma de cambio, por primera vez no esta segura de ser y estar, y eso la ha dejado en otro viaje de esos que no avisan.
Han pasado unos cuantos otoños desde que dejó aquella bestia metálica para encontrarse en los suburbios de Cibeles, topándose con las imágenes que coincidían con sonidos encapsulados ha descubierto mas cada vez, ha podido acomodarse con facilidad y su aspecto estable se ha desarrollado, en el colegio es en donde ha podido observar con mayor cuidado su interior y la relación que la une a este lugar, a este espacio y lo que le da movimiento, cada vez pesa mas el estar contemplando la estancia y los cambios, algo nuevo llega alguien más comparte estalla, se envuelve en estelas de olvido y derrocha energía en formas repetidas. No puede mantenerse ajena a la mancha demográfica ahora es parte de ella y su naturaleza no le deja estar fuera de todo acontecimiento, Pandora Jacket ha sido testigo de gente que desperdicia las palabras que no utiliza sus fuerzas mas que para cubrir sus necesidades. Mensajes confusos que llegan de medios parlantes que no hacen más que llevar a masas a estados de terror y manipularlos con descaro.
Canciones tristes que llegan de toda soledad, se dicen muchas cosas pero no las necesarias, siempre ha apreciado una buena charla aunque este imposibilitada de expresar con claridad el universo que vuelca en papel, a causa de esto nadie a podido conocerla a profundidad, parece que a seres azules no les basta la claridad y la calma; Pandora lleva consigo los vestigios de soledad purificada, si Pandora hablara con la claridad con la que piensa sería un espasmo para este lugar y los que vendrán no serán los mismos.
Pandora habla lenguajes que nadie conoce, es portadora del gen estéril, escribe para dejar espacio en su mente, abre caminos de libertad con su silencio guarda lo que sería el cambio de un sistema de una maquina de vicio y soledad expandida, únicamente la soledad pudo dar los elementos para el siguiente paso, el exterminio de la soledad misma. Se derrama la historia dolorosa del testigo, el movimiento de sus dedos marca la deformación constante del mundo, el cascarón se rompe y nadie lo sabe, nadie quiere saberlo, que todo llegue que pase de una vez así podremos seguir.
-Inmersos en la estación del olvido constante nos condenamos a repetir las heridas del hastió-. Con esa frase recibió a sus compañeros después de las vacaciones de invierno. No cabe duda que la claridad es un arma sutil no por si misma sino por los pocos que la reconocen, nadie fue capaz de reconocer en las palabras de Pandora un presagio acertado doloroso por mas que real que nos concierne a todos, es así como Pandora Jacket escupe palabras escogidas con precisión para provocar algo que no sea indiferencia, hasta ahora no ha logrado mas que miradas de consternación y vacíos compartidos por puertas que se funden al cerrarse en los espacios que fingimos conocer.

correspondencia








Que puedo decirte que no te hayan dicho antes, no hay nada nuevo en mis palabras, si las palabras no te dicen mucho entonces fija tu atención en el origen; las palabras a ratos se quedan vacías, se pierden no son buenas tampoco son malas, sólo son, posan, están ahí para vos, para nosotros, usalas, guárdalas o quémalas. Habrá siempre palabras, si sientes que se acaban que ya no hay más que decir no digas nada, también tu silencio es bello; estas palabras se manejan solas, buscan salir y lo hacen. Me encuentro algo agotado o incluso distraido cuado hablo, y no se ven conformes con el resultado, entonces se arman de tinta y papel y me hacen a un lado; acá tienes estas palabras que no me han dejado dormir. Te pienso a cada rato y me queman las ganas de escribirte luego te escribo y no me basta.Hace tanto que no escribo que hasta olvido que decir, las noches se nos van como un suspiro, ves como no me sale nada, mis entrañas están vacías tengo un hueco entre los hombros, mira que no me esfuerzo. Y esque escribir no es cosa formal, todos lo vuelven piedra seca y alguien le pregunta al que escribe si se le curaron las heridas, si anda mas ligero por la vida o sus noches son más frescas; pero para que preguntar, para eso están sus letras.Que condena la del escritor que revuelve y desarma para encontrar algo que escribir, porque las ansias no lo dejan nunca dormir de largo, las ganas de escribir le queman la punta de los dedos y entonces ahí está el blanco, el bogard eterno que no es grande, sólo espera, nos observa con la calma de los bosques, soy un insomne sin palabras precisas.

viernes, julio 5

el otro lado



Hay cosas que decir; cuando se escribe un libro, se hace una obra de teatro, o le llamamos a alguien al anochecer; algo ocurre en nuestro interior, nos damos cuenta de que aquello que ha rondado nuestra mente tiene nombre, hay palabras para nombrar lo que ocurre. Varios instantes de la vida se presentan y no podemos mencionar lo que experimentamos, sabemos que está ahí que algo a pasado, hay algo que se aloja en nuestro interior, entonces el cambio se genera, con el tiempo va tomando forma y la experiencia nos lleva por caminos que nos hacen pensar y recordar, comprender que aquello que se inicio en algún momento lejano podemos nombrarlo, lo que fueron dudas y silencios, ahora se presentan de vuelta como frases y comprensión. No se trata de entenderlo todo, es quizá algo más esencial, como dejar de temer, comenzar a mirar sin recelo sin reservas, incluso lo que no conozcamos; así se presenta el cambio integral, completo, que se inicio hace años en una infancia inquieta, una juventud rebelde, no es que dejemos de ser rebeldes e inquietos, quizá lo somos más;  cambiamos. Somos los mismos que miramos el cielo o los ojos de los que hablan, entre desesperación y frustraciones pasa el tiempo pareciendo que no hay forma de saber lo que pasa. Porque sigue pasando cada día con cada experiencia nos enfrentamos de nuevo a aquello que descubrimos una vez, no pensamos todo el tiempo en ello a veces quizá hasta evitamos pensar porque es abrumador, pero regresa siempre en determinados momentos porque no nos deja, son dudas que están en una mirada, en un amor, en una charla, en silencios camino a casa, después de asistir a una obra, o cuando descubres que todo cambia y la persona a tu lado ya no esta aunque le mires. Instantes verdaderos que nos tocan que nos recuerdan aquella sensación de extrañeza que no terminamos de entender; así transcurre, va cambiando en nuestro interior y nos lleva consigo, nos vuelve a poner frente a la situación que no conocemos aunque la hemos experimentado a lo largo de la vida. Eso también cambia, hoy ha sido ese día en que se presenta y no es como antes, una frase es suficiente para disparar el fenómeno de la comprensión, el escenario puede ser cualquiera la persona que lo dice un desconocido, tal vez esas condiciones sean las favorables, cuando estamos relajados y receptivos con la mente despejada, pero atentos; entonces llega la sensación de recordar, de que había pensado algo similar pero no con estas palabras ni con esos momentos que acabamos de presenciar, pero similar en esencia, y ya no se sale de la mente, entonces miramos en nuestro interior y en efecto viene todo, los recuerdos, las emociones y entonces ya no es extraño, no más, no lo vemos con duda o frustración, es un concepto nuevo, vienen entonces las ganas de escribirlo de usarlo de darle ese espacio que le pertenece en  la conciencia. Aún aturdido por el descubrimiento no sabemos que ocurrirá ahora, en que se ha de convertir y en que forma se ha de manifestar en nuestra vida, en lo cotidiano, las decisiones que tomemos y la forma como percibimos las cosas, la reacción ante lo que ocurre y nuestra relación con el mundo. Acá estamos dando cuenta de lo que ha ocurrido y sigue pasando, el cambio. Estamos del otro lado, escribiendo, o llevando a cabo un proyecto, hablando de frente porque hay algo que decir, algo que es tan grande que no podemos estar sin decirlo, es importante estar del otro lado, ambientes nuevos que son distintos a lo que ha sido. Acá esta un trozo de ese acontecimiento que me acerca más a lo que soy, sacude dudas y me devuelve la paciencia.

sábado, diciembre 31

estoy hablando con búhos


Estoy hablando con búhos, cuando todo es silencio, el sol esta sobre mi cabeza y escucho tu voz en mi oreja
espero el paso del tiempo, a que ocurra lo que será mejor, una gota invade mi espalda y dirás con voz clara que esperas de mi que estás ahora y no hay espacio para errores, sin prisa y con precisión mi mente se detiene al percibir la calma que nos rodea, que el momento dura tres segundos que todo esta bien.

martes, septiembre 13

hoy

Hoy a surgido la fuerza mas poderosa que puede existir, he sido tocado por la humanidad, no he podido contener el llanto ante las palabras de la igualdad, a través de la voz de alguien más mi espíritu se ha visto reflejado, me he reconocido en otros; el tiempo que ha estado estrechado el silencio en que se ha destilado la planta de mi ser, forma parte de algo más, este día he sido reconocido por la perseverancia de lo que habita en mi interior. Hoy si tiene nombre, es amor, amor como se ama el atardecer o la lluvia, amor por otro, por la calma que trae la paciencia, el mismo amor que ha crecido y hoy es mayor a toda duda y temor.

Esa fuerza tan precisa y poderosa ha llegado a mi, se ha estado cosinando en mi ser,este día sale con tal estruendo, generado un calor, una calma que me ha cubierto por completo que surge del pecho, tiemblo, sonrío y surgen lagrimas de dicha, que no hay forma de describir la inminente gratitud que me envuelve.

viernes, septiembre 10

Berenice E.A Poe




La desdicha es muy variada. La desgracia cunde multiforme en la tierra. Desplegada por el ancho horizonte, como
el arco iris, sus colores son tan variados como los de éste, a la vez tan distintos y tan íntimamente unidos.
¡Desplegada por el ancho horizonte como el arco iris! ¿Cómo es que de la belleza ha derivado un tipo de fealdad; de la alianza
y la paz, un símil del dolor? Igual que en la ética el mal es consecuencia del bien, en realidad de la alegría nace la tristeza.
O la memoria de la dicha pasada es la angustia de hoy, o las agonías que son se originan en los éxtasis que pudieron haber sido.
Mi nombre de pila es Egaeus; no diré mi apellido. Sin embargo, no hay en este país torres más venerables que las de mi sombría
y lúgubre mansión. Nuestro linaje ha sido llamado raza de visionarios; y en muchos sorprendentes detalles, en el carácter
de la mansión familiar, en los frescos del salón principal, en los tapices de las alcobas, en los relieves de algunos pilares
de la sala de armas, pero sobre todo en la galería de cuadros antiguos, en el estilo de la biblioteca, y, por último, en la naturaleza
muy peculiar de los libros, hay elementos suficientes para justificar esta creencia.
Los recuerdos de mis primeros años se relacionan con esta mansión y con sus libros, de los que ya no volveré a hablar.
Allí murió mi madre. Allí nací yo. Pero es inútil decir que no había vivido antes, que el alma no conoce una existencia previa.
¿Lo negáis? No discutiremos este punto. Yo estoy convencido, pero no intento convencer. Sin embargo, hay un recuerdo
de formas etéreas, de ojos espirituales y expresivos, de sonidos musicales y tristes, un recuerdo que no puedo marginar;
una memoria como una sombra, vaga, variable, indefinida, vacilante; y como una sombra también por la imposibilidad
de librarme de ella mientras brille la luz de mi razón.
En esa mansión nací yo. Al despertar de repente de la larga noche de lo que parecía, sin serlo, la no-existencia, a regiones
de hadas, a un palacio de imaginación, a los extraños dominios del pensamiento y de la erudición monásticos, no es extraño
que mirase a mi alrededor con ojos asombrados y ardientes, que malgastara mi niñez entre libros y disipara mi juventud
en ensueños; pero sí es extraño que pasaran los años y el apogeo de la madurez me encontrara viviendo aun en la mansión
de mis antepasados; es asombrosa la parálisis que cayó sobre las fuentes de mi vida, asombrosa la inversión completa en
el carácter de mis pensamientos más comunes. Las realidades del mundo terrestre me afectaron como visiones, sólo como
visiones, mientras las extrañas ideas del mundo de los sueños, por el contrario, se tornaron no en materia de mi existencia
cotidiana, sino realmente en mi cínica y total existencia.

Berenice y yo éramos primos y crecimos juntos en la mansión de nuestros antepasados. Pero crecimos de modo distinto:
yo, enfermizo, envuelto en tristeza; ella, ágil, graciosa, llena de fuerza; suyos eran los paseos por la colina; míos, los estudios
del claustro; yo, viviendo encerrado en mí mismo, entregado en cuerpo y alma a la intensa y penosa meditación; ella,
vagando sin preocuparse de la vida, sin pensar en las sombras del camino ni en el silencioso vuelo de las horas de alas negras.
¡Berenice! -Invoco su nombre-, ¡Berenice! Y ante este sonido se conmueven mil tumultuosos recuerdos de las grises ruinas.
¡Ah, acude vívida su imagen a mí, como en sus primeros días de alegría y de dicha! ¡Oh encantadora y fantástica belleza!
¡Oh sílfide entre los arbustos de Arnheim! ¡Oh náyade entre sus fuentes! Y entonces..., entonces todo es misterio y terror,
y una historia que no se debe contar. La enfermedad -una enfermedad mortal- cayó sobre ella como el simún, y, mientras yo
la contemplaba, el espíritu del cambio la arrasó, penetrando en su mente, en sus costumbres y en su carácter, y de la forma
más sutil y terrible llegó a alterar incluso su identidad. ¡Ay! La fuerza destructora iba y venía, y la víctima..., ¿dónde estaba?
Yo no la conocía, o, al menos, ya no la reconocía como Berenice.
Entre la numerosa serie de enfermedades provocadas por aquella primera y fatal, que desencadenó una revolución tan horrible
en el ser moral y físico de mi prima, hay que mencionar como la más angustiosa y obstinada una clase de epilepsia que
con frecuencia terminaba en catalepsia, estado muy parecido a la extinción de la vida, del cual, en la mayoría de los casos,
se despertaba de forma brusca y repentina. Mientras tanto, mi propia enfermedad -pues me han dicho que no debería darle otro
nombre-, mi propia enfermedad, digo, crecía con extrema rapidez, asumiendo un carácter monomaníaco de una especie nueva
y extraordinaria, que se hacía más fuerte cada hora que pasaba y, por fin, tuvo sobre mí un incomprensible ascendiente.
Esta monomanía, si así tengo que llamarla, consistía en una morbosa irritabilidad de esas propiedades de la mente que la ciencia
psicológica designa con la palabra atención. Es más que probable que no me explique; pero temo, en realidad, que no haya forma
posible de trasmitir a la inteligencia del lector corriente una idea de esa nerviosa intensidad de interés con que en mi caso las facultades de meditación (por no hablar en términos técnicos) actuaban y se concentraban en la contemplación de los objetos
más comunes del universo.
Reflexionar largas, infatigables horas con la atención fija en alguna nota trivial, en los márgenes de un libro o en su tipografía;
estar absorto durante buena parte de un día de verano en una sombra extraña que caía oblicuamente sobre el tapiz o sobre
la puerta; perderme toda una noche observando la tranquila llama de una lámpara o los rescoldos del fuego; soñar días enteros
con el perfume de una flor; repetir monótonamente una palabra común hasta que el sonido, gracias a la continua repetición,
dejaba de suscitar en mi mente alguna idea; perder todo sentido del movimiento o de la existencia física, mediante una absoluta
y obstinada quietud del cuerpo, mucho tiempo mantenida: éstas eran algunas de las extravagancias más comunes y menos
perniciosas provocadas por un estado de las facultades mentales, en realidad no único, pero capaz de desafiar cualquier tipo
de análisis o explicación.
Pero no se me entienda mal. La excesiva, intensa y morbosa atención, excitada así por objetos triviales en sí, no tiene que
confundirse con la tendencia a la meditación, común en todos los hombres, y a la que se entregan de forma particular las personas
de una imaginación inquieta. Tampoco era, como pudo suponerse al principio, una situación grave ni la exageración de esa
tendencia, sino primaria y esencialmente distinta, diferente. En un caso, el soñador o el fanático, interesado por un objeto
normalmente no trivial, lo pierde poco a poco de vista en un bosque de deducciones y sugerencias que surgen de él, hasta que,
al final de una ensoñación llena muchas veces de voluptuosidad, el incitamentum o primera causa de sus meditaciones desaparece
completamente y queda olvidado. En mi caso, el objeto primario era invariablemente trivial, aunque adquiría, mediante mi visión
perturbada, una importancia refleja e irreal. Pocas deducciones, si había alguna, surgían, y esas pocas volvían pertinazmente
al objeto original como a su centro. Las meditaciones nunca eran agradables, y al final de la ensoñación, la primera causa, lejos
de perderse de vista, había alcanzado ese interés sobrenaturalmente exagerado que constituía el rasgo primordial de la enfermedad. En una palabra, las facultades que más ejercía la mente en mi caso eran, como ya he dicho, las de la atención;
mientras que en el caso del soñador son las de la especulación.
Mis libros, en esa época, si no servían realmente para aumentar el trastorno, compartían en gran medida, como se verá, por
su carácter imaginativo e inconexo, las características peculiares del trastorno mismo. Puedo recordar, entre otros, el tratado
del noble italiano Coelius Secundus Curio, De amplitudine beati regni Dei [La grandeza del reino santo de Dios]; la gran obra de
San Agustín, De civitate Dei [La ciudad de Dios], y la de Tertuliano, De carne Christi [La carne de Cristo], cuya sentencia paradójica: Mortuus est Dei filius: credibile est quia ineptum est; et sepultus resurrexit: certum est quia impossibile est, ocupó durante muchas
semanas de inútil y laboriosa investigación todo mi tiempo.
Así se verá que, arrancada, de su equilibrio sólo por cosas triviales, mi razón se parecía a ese peñasco marino del que nos habla Ptolomeo Hefestión, que resistía firme los ataques de la violencia humana y la furia más feroz de las aguas y de los vientos, pero temblaba a simple contacto de la flor llamada asfódelo. Y aunque para un observador desapercibido pudiera parecer fuera de toda duda que la alteración producida en la condición moral de Berenice por su desgraciada enfermedad me habría proporcionado muchos temas para el ejercicio de esa meditación intensa y anormal, cuya naturaleza me ha costado bastante explicar, sin embargo no era éste el caso. En los intervalos lúcidos de mi mal, la calamidad de Berenice me daba lástima, y, profundamente conmovido por la ruina total de su hermosa y dulce vida, no dejaba de meditar con frecuencia, amargamente, en los prodigiosos mecanismos por los que había llegado a producirse una revolución tan repentina y extraña. Pero estas reflexiones no compartían la idiosincrasia de mi enfermedad, y eran como las que se hubieran presentado, en circunstancias semejantes, al común de los mortales. Fiel a su propio carácter, mi trastorno se recreaba en los cambios de menor importancia, pero más llamativos, producidos en la constitución física de Berenice, en la extraña y espantosa deformación de su identidad personal.
En los días más brillantes de su belleza incomparable no la amé. En la extraña anomalía de mi existencia, mis sentimientos nunca venían del corazón, y mis pasiones siempre venían de la mente. En los brumosos amaneceres, en las sombras entrelazadas del bosque al mediodía y en el silencio de mi biblioteca por la noche ella había flotado ante mis ojos, y yo la había visto, no como la Berenice viva y palpitante, sino como la Berenice de un sueño; no como una moradora de la tierra, sino como su abstracción; no como algo para admirar, sino para analizar; no como un objeto de amor, sino como tema de la más abstrusa aunque inconexa especulación. Y ahora, ahora temblaba en su presencia y palidecía cuando se acercaba; sin embargo, lamentando amargamente su decadencia y su ruina, recordé que me había amado mucho tiempo, y que, en un momento aciago, le hablé de matrimonio.
Y cuando, por fin, se acercaba la fecha de nuestro matrimonio, una tarde de invierno, en uno de esos días intempestivamente cálidos, tranquilos y brumosos, que constituyen la nodriza de la bella Alcíone estaba yo sentado (y creía encontrarme solo) en el gabinete interior de la biblioteca y, al levantar los ojos, vi a Berenice ante mí.
¿Fue mi imaginación excitada, la influencia de la atmósfera brumosa, la incierta luz crepuscular del aposento, los vestidos grises que envolvían su figura los que le dieron un contorno tan vacilante e indefinido? No sabría decirlo. Ella no dijo una palabra, y yo por nada del mundo hubiera podido pronunciar una sílaba. Un escalofrío helado cruzó mi cuerpo; me oprimió una sensación de insufrible ansiedad; una curiosidad devoradora invadió mi alma, y, reclinándome en la silla, me quedé un rato sin aliento, inmóvil, con mis ojos clavados en su persona. ¡Ay! Su delgadez era extrema, y ni la menor huella de su ser anterior se mostraba en una sola línea del contorno. Mi ardiente mirada cayó por fin sobre su rostro.
La frente era alta, muy pálida, y extrañamente serena; lo que en un tiempo fuera cabello negro azabache caía parcialmente sobre la frente y sombreaba las sienes hundidas con innumerables rizos de un color rubio reluciente, que contrastaban discordantes, por su matiz fantástico, con la melancolía de su rostro. Sus ojos no tenían brillo y parecían sin pupilas; y esquivé involuntariamente su mirada vidriosa para contemplar sus labios, finos y contraídos. Se entreabrieron; y en una sonrisa de expresión peculiar los dientes de la desconocida Berenice se revelaron lentamente a mis ojos. ¡Quiera Dios que nunca los hubiera visto o que, después de verlos, hubiera muerto!
El golpe de una puerta al cerrarse me distrajo, y, al levantar la vista, descubrí que mi prima había salido del aposento. Pero de los desordenados aposentos de mi cerebro, ¡ay!, no había salido ni se podía apartar el blanco y horrible espectro de los dientes. Ni una mota en su superficie, ni una sombra en el esmalte, ni una mella en sus bordes había en los dientes de esa sonrisa fugaz que no se grabara en mi memoria. Ahora los veía con más claridad que un momento antes. ¡Los dientes! ¡Los dientes! Estaban aquí, y allí, y en todas partes, visibles y palpables ante mí, largos, finos y excesivamente blancos, con los pálidos labios contrayéndose a su alrededor, como en el mismo instante en que habían empezado a crecer. Entonces llegó toda la furia de mi monomanía, y yo luché en vano contra su extraña e irresistible influencia. Entre los muchos objetos del mundo externo sólo pensaba en los dientes. Los anhelaba con un deseo frenético. Todos las demás preocupaciones y los demás intereses quedaron supeditados a esa contemplación. Ellos, ellos eran los únicos que estaban presentes a mi mirada mental, y en su insustituible individualidad llegaron a ser la esencia de mi vida intelectual. Los examiné bajo todos los aspectos. Los vi desde todas las perspectivas. Analicé sus características. Estudié sus peculiaridades. Me fijé en su conformación. Pensé en los cambios de su naturaleza. Me estremecí al atribuirles, en la imaginación, un poder sensible y consciente y, aun sin la ayuda de los labios, una capacidad de expresión moral. De mademoiselle Sallé se ha dicho con razón que tous ses pas étaient des sentiments, y de Berenice yo creía seriamente que toutes ses dents étaient des ídées. Des idées! ¡Ah, este absurdo pensamiento me destruyó! Des idées! ¡Ah, por eso los codiciaba tan desesperadamente! Sentí que sólo su posesión me podría devolver la paz, devolviéndome la razón.
Y la tarde cayó sobre mí; y vino la oscuridad, duró y se fue, y amaneció el nuevo día, y las brumas de una segunda noche se acumularon alrededor, y yo seguía inmóvil, sentado, en aquella habitación solitaria; y seguí sumido en la meditación, y el fantasma de los dientes mantenía su terrible dominio, como si, con una claridad viva y horrible, flotara entre las cambiantes luces y sombras de la habitación. Al fin irrumpió en mis sueños un grito de horror y consternación; y después, tras una pausa, el ruido de voces preocupadas, mezcladas con apagados gemidos de dolor y de pena. Me levanté de mi asiento y, abriendo las puertas de la biblioteca, vi en la antesala a una criada, deshecha en lágrimas, quien me dijo que Berenice ya no existía. Había sufrido un ataque de epilepsia por la mañana temprano, y ahora, al caer la noche, ya estaba preparada la tumba para recibir a su ocupante, y terminados los preparativos del entierro.
Me encontré sentado en la biblioteca, y de nuevo solo. Parecía que había despertado de un sueño confuso y excitante. Sabía que era medianoche y que desde la puesta del sol Berenice estaba enterrada. Pero no tenía una idea exacta, o por los menos definida, de ese melancólico período intermedio. Sin embargo, el recuerdo de ese intervalo estaba lleno de horror, horror más horrible por ser vago, terror más terrible por ser ambiguo. Era una página espantosa en la historia de mi existencia, escrita con recuerdos siniestros, horrorosos, ininteligibles. Luché por descifrarlos, pero fue en vano; mientras tanto, como el espíritu de un sonido lejano, un agudo y penetrante grito de mujer parecía sonar en mis oídos. Yo había hecho algo. Pero, ¿qué era? Me hice la pregunta en voz alta y los susurrantes ecos de la habitación me contestaron: ¿Qué era?
En la mesa, a mi lado, brillaba una lámpara y cerca de ella había una pequeña caja. No tenía un aspecto llamativo, y yo la había visto antes, pues pertenecía al médico de la familia. Pero, ¿cómo había llegado allí, a mi mesa y por qué me estremecí al fijarme en ella? No merecía la pena tener en cuenta estas cosas, y por fin mis ojos cayeron sobre las páginas abiertas de un libro y sobre una frase subrayada. Eran las extrañas pero sencillas palabras del poeta Ebn Zaiat: "Dicebant mihi sodales, si sepulchrum amicae visitarem, curas meas aliquantulum fore levatas". ¿Por qué, al leerlas, se me pusieron los pelos de punta y se me heló la sangre en las venas?
Sonó un suave golpe en la puerta de la biblioteca y, pálido como habitante de una tumba, un criado entró de puntillas. Había en sus ojos un espantoso terror y me habló con una voz quebrada, ronca y muy baja. ¿Qué dijo? Oí unas frases entrecortadas. Hablaba de un grito salvaje que había turbado el silencio de la noche, y de la servidumbre reunida para averiguar de dónde procedía, y su voz recobró un tono espeluznante, claro, cuando me habló, susurrando, de una tumba profanada, de un cadáver envuelto en la mortaja y desfigurado, pero que aún respiraba, aún palpitaba, ¡aún vivía!
Señaló mis ropas: estaban manchadas de barro y de sangre. No contesté nada; me tomó suavemente la mano: tenía huellas de uñas humanas. Dirigió mi atención a un objeto que había en la pared; lo miré durante unos minutos: era una pala. Con un grito corrí hacia la mesa y agarré la caja. Pero no pude abrirla, y por mi temblor se me escapó de las manos, y se cayó al suelo, y se rompió en pedazos; y entre éstos, entrechocando, rodaron unos instrumentos de cirugía dental, mezclados con treinta y dos diminutos objetos blancos, de marfil, que se desparramaron por el suelo.